Por Arquímedes González
Misantla, Ver., a 26 de noviembre de 2025.- Las fuertes lluvias registradas al norte de la cabecera municipal de Misantla provocaron que la comunidad de Chapa Chapa entrara en estado de alarma. Calles completamente anegadas, un muro de contención deteriorado y más de 30 viviendas en riesgo inmediato colocan a la población en una situación crítica ante la creciente del río.
La lluvia desborda las calles y activa las alertas comunitarias
La tarde de este miércoles, a partir de las 3:00 p.m., la lluvia generada por el frente frío número 16 comenzó a caer con fuerza en la zona norte de Misantla.
En cuestión de minutos, las calles de la comunidad de Chapa Chapa se transformaron en caudalosos ríos, dificultando el tránsito y generando una sensación de vulnerabilidad entre los habitantes.
El agua avanzaba sin freno, arrastrando tierra, basura y ramas, mientras los pobladores observaban cómo el nivel subía peligrosamente cerca de las viviendas más próximas al cauce del río.
Un muro deteriorado que ya no protege
El riesgo de la inundación no es nuevo, pero esta vez —según los testimonios locales— la situación puede agravarse debido al severo deterioro del muro de contención que protege a la comunidad del río Chapa Chapa.
José Luis Acosta, vecino del lugar, advirtió que más de 30 casas se encuentran en peligro inmediato si la estructura llega a colapsar.
“El temor es cada que se viene el agua, así como hoy. No hemos descansado de denunciar lo que queda del muro de protección, que ya no sirve. Las familias están con el Jesús en la boca, no sabemos qué hacer en estos casos. Si sigue así, en una hora medio Chapa Chapa estará inundado…”, expresó con evidente preocupación.
Sus palabras reflejan la urgencia que sienten las familias, quienes han insistido en la necesidad de reparaciones desde hace meses sin obtener una respuesta contundente de las autoridades.
Angustia creciente y falta de respuestas
La combinación de una infraestructura debilitada y fenómenos climatológicos cada vez más intensos alimenta un ambiente de angustia que se repite cada temporada de frentes fríos.
La comunidad vive entre el temor y la resignación, consciente de que una lluvia un poco más fuerte puede significar la pérdida de sus hogares.
Mientras tanto, los vecinos se mantienen atentos al nivel del río, iluminando con lámparas y celulares las orillas para vigilar la creciente que avanza con rapidez.

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